En una producción de tomate bajo invernadero en Puebla, el productor llevaba ya varios ciclos agrícolas enfrentando la presencia de Clavibacter en su invernadero, una bacteria que comprometía la sanidad del cultivo.
A pesar de implementar distintos programas fitosanitarios, los resultados seguían siendo insuficientes y la presión de la enfermedad no cedía.
Clavibacter: la bacteria que no se podía detener
La estrategia incluía aplicaciones frecuentes de bactericidas, coadyuvantes y pesticidas. Aun así, la bacteria continuaba avanzando.
Las pérdidas alcanzaban aproximadamente el 30% de las plantas en producción.
El impacto no se limitaba al cultivo. La presencia constante de plantas infectadas obligaba a destinar personal a tareas correctivas: monitoreo, sanitización y retiro de material vegetal enfermo.
Estas actividades consumían tiempo y recursos que debían estar enfocados en la producción.
Incluso en algunos períodos fue necesario contratar personal adicional. Esto elevó los costos operativos y redujo la eficiencia general del invernadero.
Mira aquí el video del caso:
La estrategia implementada
Buscando una alternativa más eficiente, el productor incorporó ANTISEPTIKA® dentro de su programa sanitario.
El objetivo fue intervenir directamente sobre la presión bacteriana y simplificar el manejo del cultivo.
La dosis se ajustó según las condiciones ambientales y la presión de enfermedad en cada etapa.
- 4 ml/L. en periodos de alta humedad, lluvias frecuentes o mayor presión de la bacteria.
- 2 ml/L en etapas con menor humedad relativa y menor presión de enfermedad.
Esta flexibilidad permitió adaptar el manejo a las condiciones reales del invernadero en cada momento del ciclo.

Resultados observados
Los primeros cambios comenzaron a notarse aproximadamente 15 días después de las aplicaciones.
Conforme avanzó el ciclo, la incidencia de Clavibacter disminuyó de forma sostenida.
El cultivo mantuvo una mayor cantidad de plantas productivas. Al mismo tiempo, las labores correctivas dentro del invernadero se redujeron considerablemente.
También disminuyó la dependencia de múltiples bactericidas y productos complementarios.
El resultado más contundente fue la reducción de pérdidas: de un 30% de plantas afectadas a menos del 1% tras incorporar ANTISEPTIKA® al programa de manejo.

Un invernadero más rentable
Menos plantas enfermas significó menos tiempo en tareas correctivas y menor inversión en insumos fitosanitarios.
El equipo de trabajo pudo enfocarse en actividades productivas. Con ello, los costos operativos generales se redujeron de forma notable.
Cuando la presión de la enfermedad se controla con una estrategia más eficiente, el cultivo responde y la operación mejora.

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